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miércoles, 27 de enero de 2016

Crítica FRANCES HA



EE.UU. 2012

Escrita por Noah Baumbach y Greta Gerwig
Dirigida por Noah Baumbach

Nota: 7’5

Ésta es una historia sobre una mujer cerca de la treintena tratando de encontrar su lugar en el mundo a la par que sobrevivir en Nueva York viviendo de lo que siempre ha sido su sueño, la danza. Pero no es sólo eso, hace un hincapié especial en las relaciones sociales que creamos a nuestro alrededor y como estas evolucionan para bien o para mal. Seguramente haya quien caiga en la tentación de decir que esta cinta es la voz de una generación. Es un error muy recurrente catalogar así a la serie de HBO Girls, con la que comparte muchos puntos en común, pero no hay que exagerar, es una historia más, con la que muchos podemos sentirnos identificados de una u otra manera, pero que no representa a toda una población de cierta edad.

En la serie de Lena Dunham, tratan de explicarnos esa voz a través de cuatro amigas diferentes, cada cual más extrema que la anterior. Aquí, nuestra protagonista es Frances, y seguramente a primera vista no represente la normalidad que todos podemos entender, pero no llega a ningún extremo, y por eso la comprenderemos más. Frances parece tener su vida planeada, vive con su mejor amiga, Sophie, sale con un chico y da clases a un grupo de niños en la escuela de danza, mientras espera dar el gran paso de pasar de bailarina suplente a titular. Una vida sencilla que pronto se empieza a desmoronar.


Los diferentes pisos en los que vive Frances durante un año son la excusa perfecta para dividir esta película en capítulos. En ellos vemos a nuestra protagonista (gran interpretación de Greta Gerwig, coautora del guión) tratar de enfrentarse a la vida adulta pero sin un sustento digno, que le lleva a compartir piso con unos amigos, hacer un viaje o pasar unas semanas en casa de una compañera. Esa sensación de evolución a su alrededor mientras ella quiere seguir siendo una veinteañera es la que nos hace encariñarnos con ella y que, de alguna manera, nos sintamos identificados.


Una cinta en blanco y negro ambientada en Nueva York, que a muchos recordará al cine de Woody Allen, donde prima la alegría por afrontar una nueva vida que a todos nos llega tarde o temprano. Un paso definitivo en el que debemos dejar la adolescencia de lado de una vez por todas y pasar a formar parte de “los adultos”. Por el camino encontramos los problemas que surgen al socializar; los silencios incómodos con el chico al que le gusta, los secretos de unos amigos o las mentiras a otros para esconder parte de nuestra realidad que por algún motivo nos avergüenza. Una película muy recomendable, llena de conversaciones interesantes y con esta alegría que nos hará encariñarnos y desear un final feliz, pero realista.

Lo mejor: Greta Gerwig crea un personaje irrepetible propio del cine de Woody Allen.

Lo peor: Le falta dramatismo.

jueves, 8 de enero de 2015

Crítica ALABAMA MONROE



Bélgica, 2012
Dirigida por Felix Van Groeningen
Escrita por Carl Joos y Felix Van Groeningen


Nota: 8


No nos cansaremos de decirlo, si quieres ver buen cine, antes de acudir a las nominadas a mejor película en los Oscar, préstale un poco de atención a la lista de mejor película de habla no inglesa (también llamada película extranjera). En la pasada edición de estos premios competían cintas de una calidad incuestionable como son ésta, La Caza (Thomas Vinterberg) y la ganadora La Gran Belleza (Paolo Sorrentino), aunque estas dos están levemente por encima del film que hoy nos ocupa.



Alabama Monroe, o The Broken Circle Breakdown (título original), es una cinta que nos hará reflexionar sobre la vida reflejada en nuestros protagonistas, es un film que gana puntos cuantas más vueltas le damos tras el visionado, y más aún si encontramos a alguien con quien compartir nuestras impresiones.

La película nos cuenta la historia de Elise y Didier, dos personas aparentemente opuestas que se conocen, se enamoran y crean una familia. Esta vida nos la cuentan por trozos, en un orden aleatorio de secuencias, diseñadas de manera que entendamos la historia y descubramos qué ha pasado en determinados momentos para llegar a las escenas anteriores. El drama que sufren por la enfermedad de su hija es el eje de esta cinta, que nos narra de una manera muy realista la manera que tiene la pareja de sobrellevar esta situación.

Así, vemos como Didier (Johan Heldenbergh) y Elise (una increíble Veerle Baetens) intentan mantenerse unidos aún ocultándose sus miedos y reproches en los momentos difíciles pero estos acaban explotando en sus narices. Un vistazo a la vida tal y como es, con lo bueno y lo malo, básicamente lo que pedíamos a Boyhood (Richard Linklater, 2014) y por lo que nos encantó. Con discusiones que van desde la música hasta la religión. Discusiones que hacen que veamos a unos personajes reales. Cobra especial relevancia la que tiene por motivo sus creencias y como una parte de la pareja no cree ni quiere creer en nada, mientras que la otra necesita creer en algo más para poder ser feliz.

 Sí algo destaca en esta película, por encima de dirección e interpretaciones, es su banda sonora compuesta por el músico Bjorn Eriksson, de estilo country bluegrass, ya que nuestros protagonistas son músicos que tocan estas canciones en distintos pubs y estas letras nos guían a través del tiempo en el film.

Por otro lado, podemos achacarle falta de dramatismo en determinadas escenas tal vez con intención de mostrar mejor la vida sin recurrir a la lágrima fácil pero llama la atención como escenas muy duras pasan casi desapercibidas por el tacto dado por el director.

Lo mejor: La banda sonora. Y Veerle Baetens convenciéndonos a todos de que puede tratarse de una vida real.

         Lo peor: La falta de contundencia.